Jaime Heinrich Commentz Presidente Aproval Leche A.G.
Durante años se instaló en nuestro sector la creencia de que los mensajes victimizantes podrían generar buenos retornos a nivel de la opinión pública, la banca, los proveedores o las autoridades de turno.
Era recurrente vivir lamentándose porque el negocio de producir leche era persistentemente “malo”. Incluso algunos mantienen esta práctica.
Como todas las actividades productivas, la lechería tiene ciclos buenos, malos y regulares. Alzar la voz en periodos de “vacas flacas” tiene todo sentido, pero guardar silencio o -peor aún- hacer creer que vivimos en una permanente agonía, cuando hay ciclos en que el negocio sí retribuye razonablemente, implica crear un escenario que no se ajusta a la realidad.
No ha tenido que pasar mucho tiempo para que esta estrategia pase la cuenta en términos de credibilidad, pero también en la continuidad de algunas empresas familiares que no han logrado cautivar a las nuevas generaciones para tomar la posta y mantener vigente un esfuerzo que muchas veces traspasa varias generaciones.
Sin embargo, parece razonable que un hijo que creció escuchando que el negocio era “malo”, muy difícil y sacrificado, no se sienta atraído por continuar con el legado familiar.
Tampoco debería extrañar que el banco ponga más dificultades que facilidades a la hora de financiar inversiones en un negocio publicitado como “malo”.
En fin, los tiempos cambian y nos obligan a adaptarnos para ser verdaderos promotores de una actividad que nos apasiona, nos enorgullece y respecto de la cual tenemos la gran responsabilidad de generar las condiciones para darle continuidad, idealmente de la mano de nuestras siguientes generaciones.
Sin omitir las particularidades que tiene la lechería, debemos ser capaces de “venderla bien”, de hacerla cada vez más profesional y competitiva para enfrentar los ciclos malos, pero también reconocer con orgullo cuando nos va bien.